Para explicar qué es “discriminación social”, podemos recurrir a la definición que da el DRAE sobre “discriminar”. Según una de sus acepciones, significa “dar trato desigual a una persona o colectividad” por diferentes motivos, como explicaremos más abajo. Y el adjetivo “social” complementa el concepto, indicando que ese trato desigual se realiza en el marco de una sociedad, la cual puede influir directa o indirectamente en esa discriminación.
La mencionada definición del DRAE habla de motivos “raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental”, pero añade un ‘etcétera’ para dar a entender que esta discriminación social puede estar provocada por otras muchas causas. Esto bien lo saben las organizaciones del tercer sector, es decir, aquellas que no tienen ánimo de lucro y dedican todo su esfuerzo a ayudar a los demás para construir una sociedad mejor. Y son ellas las que lanzan la voz de alarma sobre nuevas tipologías de discriminación.
Por ejemplo, hay dos motivos que no aparecen en la definición del DRAE pero que están muy de actualidad y pueden desencadenar discriminación social, tanto en España como en otros países. Uno de ellos es la orientación sexual, como denuncian a diario los colectivos LGTBi. El otro es el aspecto físico, una cuestión muy amplia que puede estar relacionada con el racismo más básico pero también con razones religiosas o creencias populares, como el caso de los albinos en Tanzania.
Por otro lado, cabe mencionar el machismo: si bien se ha avanzado mucho en este aspecto, cabe decir que este tipo de discriminación se manifiesta a menudo de manera larvada y casi imperceptible, pero sus efectos son evidentes y cuantificables. Por ejemplo, en lo que se refiere a los salarios laborales o a las oportunidades para acceder a un puesto de trabajo.
Todos estos ejemplos de discriminación social son, lógicamente, negativos. No obstante, también hay que mencionar la llamada “discriminación positiva”, es decir, aquel conjunto de políticas y prácticas orientadas a compensar la discriminación negativa que sufren determinados colectivos. Es el caso de las ayudas directas o indirectas que reciben las personas con discapacidad física o intelectual para el acceso a un puesto de trabajo y que, de otra manera, encontrarían mucho más difícil. En cualquier caso, conviene tener presente que el concepto de “discriminación social” es siempre negativo, nunca positivo.